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sábado, 9 de marzo de 2013

Consejos para enfrentar una pérdida

Si has perdido a un ser querido, es posible que pases por todo tipo de emociones. Es probable que estés triste, preocupado o asustado. Tal vez no estés preparado, estés impresionado o confundido. Puedes sentirte enojado, engañado, aliviado, culpable, exhausto o simplemente vacío. 

lunes, 4 de marzo de 2013

¿Eres adicto a tu smartphone?

Contestar una llamada de voz al tiempo que se reciben cinco correos electrónicos, una nueva notificación en Facebook y dos avisos de mensajería instantánea en Whatsapp es habitual para quien posee un smartphone. Gracias a estos teléfonos inteligentes, el fenómeno de la conectividad ya no se asocia sólo al uso del ordenador, sino a cualquier momento y lugar. Su empleo crece sin parar; su cuota de implantación en España (el porcentaje de usuarios de móvil con un teléfono inteligente) supera el 60%.

La gran ventaja de estar permanentemente conectados a la red a través de los smartphones es a la vez su principal desventaja: muchos de sus usuarios no saben desconectar. Un estudio de la Sociedad Británica de Psicología demuestra que el uso de smartphones aumenta el estrés debido a la obsesión que produce recibir mensajes. 

Los usuarios de esta tecnología deben adaptarse a la hiperconectividad que comportan los teléfonos inteligentes. 

Un smartphone combina redes sociales con mensajería instantánea, correo electrónico, llamadas, juegos y navegación por páginas web. “Ser un todo en uno puede generar cierta dependencia”, afirma Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. “La inmediatez y la interactividad hacen protagonista a la persona que lo utiliza, por lo que el smartphone se convierte en un elemento muy atractivo”, añade. Pero ¿pueden ser adictivos estos teléfonos?

 Estrictamente, no se puede hablar de adicción, ya que ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni la Sociedad Americana de Psicología, por ejemplo, reconocen que exista adicción sin sustancias, pero entre los psicólogos la polémica está servida. 

Para algunos especialistas, los smartphones son inofensivos, otros sin embargo creen que son peligrosos y que pueden inducir tanta adicción como cualquier sustancia.

 Al margen del debate, lo que sí existe en el colectivo es una cierta preocupación por el abuso que se hace de la nueva tecnología. “Un smartphone en sí es menos peligroso que un vaso de gaseosa, el problema es quien está detrás de él”, afirma Juan Alberto Estallo, psicólogo del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones que acoge el centro Fòrum del hospital del Mar de Barcelona. No se abusa del teléfono sino de los servicios que ofrece, a los que se accede con el dispositivo.

Los canales de mensajería instantánea (Whatsapp, BlackBerry Messenger o el chat de Facebook, entre otros) son las aplicaciones que más enganchan a los usuarios de smartphones. “La inmediatez con que se contestan los mensajes genera siempre una espera, una impaciencia”, dice Estallo. 

Cuando se envía un mensaje de este tipo, se espera automáticamente una respuesta, un feedback rápido por parte de la otra persona. Durante la espera, el comportamiento humano podría equipararse a la conducta del perro de Pavlov, ejemplo que utilizó el fisiólogo ruso para explicar el condicionamiento clásico: el perro de Pavlov esperaba con anhelo el sonido de la campana para advertir que la comida ya estaba lista. Lo mismo hace el ser humano ante el smartphone, esperando recibir ese mensaje que tanto le inquieta. “Los niveles de alerta se disparan”, asegura Echeburúa.

Estar pendiente de los correos electrónicos entrantes, de los mensajes instantáneos..., repercute negativamente en la tarea que se esté desarrollando en el momento en que se escucha el timbre de aviso. Echeburúa considera que “el grado de concentración en la tarea principal disminuye, al tiempo que aumenta la fatiga mental”.

 

El uso de smartphones, además de influir en la concentración, somete a sus usuarios a un estrés ligado al acoso multicanal –es decir, cuando se reciben mensajes en el teléfono por múltiples vías a la vez–. “La sobrecarga informativa nos afecta en función de los protocolos que establecemos para gestionar la información”, afirma el tecnólogo Enrique Dans, profesor de IE Business School. 

Con el término “protocolo” se refiere al modo elegido por cada persona para manejar cada canal por el que recibe información en el smartphone. Por ejemplo, en el caso de la mensajería instantánea (como Whatsapp), la persona debe decidir cómo y con qué frecuencia contestará a los mensajes, si lo hará en tiempo real, si se desconectará o por el contrario estará siempre conectada. “El teléfono móvil ha pasado de simple aparato para comunicarnos a ser en un pequeño ordenador dentro de nuestro bolsillo”, aclara Dans. Para evitar la sobrecarga informativa y el acoso multicanal, el experto recomienda que “cada persona desarrolle estos protocolos de uso de la tecnología”.

Los problemas de concentración y el estrés generado por el bombardeo informativo pueden evitarse, además de creando unos hábitos de conducta como recomienda el tecnólogo, con autodisciplina. “Si una persona necesita para poder dormir un alto grado de relajación, debe apagar el móvil para evitar la alerta –comenta Echeburúa–; lo mismo en el trabajo, es recomendable silenciar el móvil para evitar desconcentrarnos”.



Es imprescindible saber desconectar del smartphone. No obstante, tanto psicólogos como tecnólogos confían en que sea la propia evolución tecnológica quien inculque los hábitos de conducta en la sociedad. “Los usos y las costumbres se desarrollan a medida que las personas interactúan con una nueva tecnología”, explica Dans. “Las personas que no se enteren de nada al atender el smartphone y otra tarea a la vez irán dejando de hacerlo”, asegura. “Hay que confiar en la coevolución tecnológica”.
 

Autodisciplina, la clave


*Establecer normas y pautas de uso del smartphone es una medida óptima para evitar la hiperconectividad al teléfono.
*Silenciar el teléfono. No dejarlo activo en todo momento. Imponerse el acceder a los mensajes solamente en algunas horas determinadas del día.
*Desactivarlo una hora antes de acostarse para alcanzar los niveles necesarios de relajación para dormir y garantizar que no interrumpa el sueño.
*Distinguir si las informaciones que llegan al teléfono son urgentes, importantes u ociosas.
*En vacaciones, desconectar la tarifa de datos del smartphone para disfrutar plenamente del tiempo libre.
*En momentos de interacción cara a cara con otras personas, no prestar atención a los mensajes que llegan al teléfono, sino a la persona con la que se dialoga.
* No esperar una respuesta inmediata siempre de la persona a la que se ha enviado un mensaje.





Con información de www.magazinedigital.com

viernes, 9 de septiembre de 2011

Adictos al control

Hoy regresamos con un artículo interesantísimo que recién leímos en la sección de salud de la revista Todo en Domingo que publica el diario El Nacional en Venezuela. En este artículo, la autora Magaly Rodríguez, nos ofrece la opinión de reconocidos especialistas sobre las personas adictas al control. Queremos compartirlo con ustedes. Todo el mundo conoce a alguien que siempre quiere las cosas hechas a su manera. "Cuando hay necesidad de permanente control, por lo general esa tendencia se asocia con inseguridad y problemas de autoestima: uno trata de compensar su falta de seguridad interior con un intento constante de controlar lo externo" dice el psicoterapeuta Jan Moller, profesor del IESA de cursos de manejo de estrés, liderazgo y visión de sí mismo.

viernes, 31 de octubre de 2008

Causas de la depresión

Seguimos con nuestro tema de La Depresión, hoy trataremos lo referente a las causas que la producen.
Hasta hace algunos años, los especialistas hablaban de depresión externa, “exógena” cuando la causa era algún acontecimiento en la vida del paciente, y depresión interna o “endogena”cuando la causa era un desequilibrio en la bioquímica cerebral.
Hoy sabemos que esa distinción no es útil porque es muy difícil separar causa y consecuencia. Es cierto que algunas personas parecen estar profundamente deprimidas sin motivo ninguno y podemos suponer que entonces existe un fuerte componente físico en su depresión. Es decir, su cerebro probablemente no asimila bien una sustancia llamada dopamina. Sin embargo, en todas las depresiones se produce la falta de esa sustancia y en la mayoría de ellas, sea cual sea la causa, los fármacos pueden ser una gran ayuda, por lo que el componente físico siempre está presente.
Igual que existe una predisposición genética a ser diabético, existe otra que predispone a la depresión. Igual que las personas no tienen la misma fuerza física, cada cual posee una resistencia psicológica ante las adversidades de la vida. Pero nadie está condenado a sufrir depresión, solo algunas personas son más vulnerables que otras.
Junto a los problemas físicos, desequilibrios hormonales, herencia genética y falta de dopamina en el cerebro, que son los responsables directos de la tristeza y la apatía, existen pautas de pensamiento que se aprenden en la infancia. Hacia los cinco años un niño ya tiene formado lo que será el núcleo básico de su personalidad. A partir de esta edad, va formando la autoestima y el auto concepto, es decir, lo que piensa de sí mismo. Si no recibe la atención adecuada, si es maltratado o menospreciado, lo que pensará de sí mismo es que no merece ser querido, y esta será una creencia fundamental que condicionará toda su vida. Entonces cualquier desencadenante externo, un fracaso escolar, pérdida de un ser querido, despido, traslado, etc, puede conducir fácilmente a la depresión.
De este modo, podemos afirmar que las depresiones se producen por un conjunto de causas entre las que figuran como más destacadas: un factor genético, una creencia profunda en no merecer afecto que viene de la infancia y una causa externa que lo precipita.

miércoles, 29 de octubre de 2008

La Depresión...

Empezaremos a tratar un tema bien importante: La Depresión. Iremos poco a poco desmenuzándolo y esperamos de verdad que sirva para que quienes la detecten puedan buscar ayuda profesional, lo más pronto posible.
Todos hemos estado abatidos alguna vez, pero la depresión no es una tristeza normal, es algo más que un estado de ánimo decaído. Uno de los principales síntomas es el profundo estado de malestar que la persona siente hacia sí mismo, lo que se traduce en sentimientos de inferioridad, en sentirse culpable un sentimiento de desesperanza hacia sí mismo, hacia el futuro y hacia el mundo en general.
Son comunes pensamientos del tipo “no valgo para nada”, “nadie me quiere”, “estaría mejor muerto”, etc.
Esto lo llamamos “pensamiento distorsionado” que se caracteriza por ser irracional y destructivo. Este pensamiento se acompaña de tristeza, abatimiento, “no tener ganas de hacer nada” .
También es posible que en vez de tristeza, se manifieste ira o irritabilidad, lo que es muy característico en niños. El apetito se ve alterado, normalmente se anula, aunque en algunos casos aumenta. Así mismo, aparecen quejas somáticas, es decir corporales, dolores de cabeza y musculares fundamentalmente.
Estar tristes cuando algo va mal, cuando se ha sufrido una pérdida o un problema grave, es una reacción perfectamente natural, normal y resulta útil para adaptarnos a la situación y poder seguir adelante, pero la depresión es más profunda, más duradera y afecta muchísimo más a la vida diaria de quien la sufre. Es muy distinto estar o sentirse "triste" que estar deprimido.

Una persona deprimida es un enfermo, no puede controlar su estado de ánimo ni es culpable de sentirse como se siente, por lo cual decirle “qué se anime”, “que no diga esas cosas” es inútil. Lo importante es acercarle ayuda profesional, psicólogo o psiquiatra, para que el enfermo pueda salir adelante de ella.
La depresión tiene múltiples causas que trataremos adelante, lo importante es detectarla y saber si estamos en una circunstancia que no nos permite ser "los de antes" y por supuesto buscar ayuda profesional para curarnos.
Un abrazo a todos.

viernes, 3 de octubre de 2008

Cuando la tristeza se convirtió en depresión ...

Alejandra es una mujer, profesionista, casada, muy felíz con dos hijos y exitosa, es una de esas mujeres que creen fervientemente en el amor a su pareja y a sus hijos... en la maravilla de la familia.
Un día su esposo se queda sin trabajo y comienzan a tener problemas, él busca empleo y no consigue, ella se convierte en el sostén de su familia... Pero además, es la madre de dos niños que le demandan tiempo, dedicación y todo aquello que implica desempeñar el trabajo más duro e importante que hay en la vida: ser madre.

Alejandra comienza a sentirse triste y deprimida pues José, su esposo, no logra conseguir trabajo con el paso de los días y ella lo nota "cómodo" de alguna forma con la situación de que sea ella quien lleve la "carga" ...
Aquella mujer cargada de energía y alegría de ayer se comienza a perder, todo son dudas, calvarios, pruebas y dificultades ahora... El amor comienza a "rasparse", nada es lo mismo...

Ale llega a mi consultorio, en busca de una terapia que la ayude a encontrar su camino de nuevo en medio de la profunda depresión que ya la aqueja. No sabe lo que quiere, no sabe si quiere a José, si está harta de él, no siente ningún apoyo, carga con todo y cada día las cosas se complican en su vida y con sus hijos, que han comenzado a desubicarse por la situación que se vive en casa, por ello me busca.
Hablamos, hacemos terapia, comentamos su realidad e indago en su interior. Ale, esta destruida moral y emocionalmente, se siente partida. Ha abandonado su parte de mujer, se ha olvidado de si misma, completamente metida en la espiral de sus problemas económicos que le pesan como una carga inmensa, también ha comenzado de alguna forma a "abandonar" a sus hijos, no le quedan fuerzas ni para escucharlos. La energía la derrocha en sus angustias y en sus pesares.

No me será fácil "levantarla" pero debo decir que ella aún con toda la situación pone mucho de su parte para salir adelante...
Después de varios meses de terapia, Ale comienza a sentirse mejor, factores externos "cooperan" con ello, José ha conseguido trabajo y la situación personal, familiar y de pareja mejora poco a poco...
Hoy se ha curado, sin duda el haber vivido todo esto la ha hecho mejor, ya sabemos "lo que no mata nos hace más fuertes".
Ha comenzado una nueva vida, pero podrían haber muchas pruebas más como estas... hay que estar preparados, nadie puede asegurar lo contrario.

La depresión es una enfermedad, con cuestiones físicas y mentales que un especialista debe tratar a tiempo. Una cosa es estar "tristes" otra es estar deprimido. Es por ello, que si Tú al leer esta historia te sientes identificado(a) y crees que puedes estar pasando por ella, conviene que acudas a un especialista a tratarte.

Nadie nos dijo que la vida sería fácil, pero en la actualidad es más complicada aún y en particular a muchas mujeres les ha cambiado, algunas para bien, otras estoy segura que se identificarán con Ale por las demandas crecientes para el género femenino en el mundo moderno.
Por ello decidí contarles esta historia, conservando como siempre el nombre real de la protagonista en el anonimato, por el lógico interés propio de la involucrada.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Un amor como pocos...


Ella se llama Cassandra, Él se llama Manuel…
Se conocieron cuando apenas tenían 22 (ella) y 26 (él) , el día que se vieron se decidieron a vivir una historia que duraría muchos años… claro sin saberlo, y así fue… 45 años de amor initerrumpidos…
Una historia de amor de esas que llenan el alma, que dejan huella, que matan al ego y honran por haberse permitido sentir a sobre manera… Un amor sin pretextos y abierto, sincero, profundo, honesto…
Cassandra y Manuel fueron novios casi 4 años, decidieron casarse y vivir su amor de esa manera para siempre… Tuvieron 2 hijos.
Hoy Manuel se ha ido… murió y con él Cassandra siente que su vida ha terminado, que no vale más la pena continuar, que los días son difíciles de pasar y que nada es como antes pues ya no existe su enorme razón de vivir. Sus hijos han hecho su vida y no viven en la misma ciudad.
Cassandra ha venido agobiada por un momento muy duro de depresión, tristeza y desánimo a mi consultorio tras la partida de Manuel. Hemos hablado un poco de todo y ella en particular me ha hecho pensar lo fuerte y lo grande que llega a ser el amor cuando se vive intensamente, sinceramente, sin guardarnos nada para después, sin egoísmos, sin miedos y entregando el alma a cada instante…
Cómo le ha costado salir adelante, Cómo te extraña Cassandra, Manuel…
Pero hoy siente que la vida comienza a despertar de nuevo y que no ha terminado. Cassandra está en busca de nuevas ilusiones y expectativas para soportar este momento y volver a comenzar… Ella misma en su última visita me ha dicho una frase completamente convencida de ello “ las personas mueren cuando mueren en el recuerdo ”…
(Historia real. Los nombres originales fueron cambiados para respetar la identidad de los involucrados)