viernes, 31 de octubre de 2008

Causas de la depresión

Seguimos con nuestro tema de La Depresión, hoy trataremos lo referente a las causas que la producen.
Hasta hace algunos años, los especialistas hablaban de depresión externa, “exógena” cuando la causa era algún acontecimiento en la vida del paciente, y depresión interna o “endogena”cuando la causa era un desequilibrio en la bioquímica cerebral.
Hoy sabemos que esa distinción no es útil porque es muy difícil separar causa y consecuencia. Es cierto que algunas personas parecen estar profundamente deprimidas sin motivo ninguno y podemos suponer que entonces existe un fuerte componente físico en su depresión. Es decir, su cerebro probablemente no asimila bien una sustancia llamada dopamina. Sin embargo, en todas las depresiones se produce la falta de esa sustancia y en la mayoría de ellas, sea cual sea la causa, los fármacos pueden ser una gran ayuda, por lo que el componente físico siempre está presente.
Igual que existe una predisposición genética a ser diabético, existe otra que predispone a la depresión. Igual que las personas no tienen la misma fuerza física, cada cual posee una resistencia psicológica ante las adversidades de la vida. Pero nadie está condenado a sufrir depresión, solo algunas personas son más vulnerables que otras.
Junto a los problemas físicos, desequilibrios hormonales, herencia genética y falta de dopamina en el cerebro, que son los responsables directos de la tristeza y la apatía, existen pautas de pensamiento que se aprenden en la infancia. Hacia los cinco años un niño ya tiene formado lo que será el núcleo básico de su personalidad. A partir de esta edad, va formando la autoestima y el auto concepto, es decir, lo que piensa de sí mismo. Si no recibe la atención adecuada, si es maltratado o menospreciado, lo que pensará de sí mismo es que no merece ser querido, y esta será una creencia fundamental que condicionará toda su vida. Entonces cualquier desencadenante externo, un fracaso escolar, pérdida de un ser querido, despido, traslado, etc, puede conducir fácilmente a la depresión.
De este modo, podemos afirmar que las depresiones se producen por un conjunto de causas entre las que figuran como más destacadas: un factor genético, una creencia profunda en no merecer afecto que viene de la infancia y una causa externa que lo precipita.

miércoles, 29 de octubre de 2008

La Depresión...

Empezaremos a tratar un tema bien importante: La Depresión. Iremos poco a poco desmenuzándolo y esperamos de verdad que sirva para que quienes la detecten puedan buscar ayuda profesional, lo más pronto posible.
Todos hemos estado abatidos alguna vez, pero la depresión no es una tristeza normal, es algo más que un estado de ánimo decaído. Uno de los principales síntomas es el profundo estado de malestar que la persona siente hacia sí mismo, lo que se traduce en sentimientos de inferioridad, en sentirse culpable un sentimiento de desesperanza hacia sí mismo, hacia el futuro y hacia el mundo en general.
Son comunes pensamientos del tipo “no valgo para nada”, “nadie me quiere”, “estaría mejor muerto”, etc.
Esto lo llamamos “pensamiento distorsionado” que se caracteriza por ser irracional y destructivo. Este pensamiento se acompaña de tristeza, abatimiento, “no tener ganas de hacer nada” .
También es posible que en vez de tristeza, se manifieste ira o irritabilidad, lo que es muy característico en niños. El apetito se ve alterado, normalmente se anula, aunque en algunos casos aumenta. Así mismo, aparecen quejas somáticas, es decir corporales, dolores de cabeza y musculares fundamentalmente.
Estar tristes cuando algo va mal, cuando se ha sufrido una pérdida o un problema grave, es una reacción perfectamente natural, normal y resulta útil para adaptarnos a la situación y poder seguir adelante, pero la depresión es más profunda, más duradera y afecta muchísimo más a la vida diaria de quien la sufre. Es muy distinto estar o sentirse "triste" que estar deprimido.

Una persona deprimida es un enfermo, no puede controlar su estado de ánimo ni es culpable de sentirse como se siente, por lo cual decirle “qué se anime”, “que no diga esas cosas” es inútil. Lo importante es acercarle ayuda profesional, psicólogo o psiquiatra, para que el enfermo pueda salir adelante de ella.
La depresión tiene múltiples causas que trataremos adelante, lo importante es detectarla y saber si estamos en una circunstancia que no nos permite ser "los de antes" y por supuesto buscar ayuda profesional para curarnos.
Un abrazo a todos.

lunes, 27 de octubre de 2008

El saco de plumas...

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?",
a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.
Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado",
a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.
Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.
Sal a la calle y búscalas".
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.

Al volver, el hombre sabio le dijo:
"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".

"Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón".

sábado, 25 de octubre de 2008

Otorgar perdón

Enrique no conoció a su padre. Sus padres se conocieron cuando trabajaban juntos en una fábrica de productos enlatados. Su mamá era secretaria, su papá el hijo del dueño. Después de un breve romance, ella queda embarazada. El estaba casado y con una vida hecha. Entonces decide ayudarla económicamente con el embarazo y la manutención del niño, pero ella prometería no buscarlo ni hablarle de él a su hijo. No quería involucrarse.

Durante toda su infancia, Enrique preguntaba por su padre; su mamá le decía que era un hombre muy bueno, pero que por muchas razones, él no podría verlo. Al cumplir Enrique 18 años, decidió que tenía que conocer a su papá.

Con mucha madurez, investigó entre sus familiares la verdadera historia. Consiguió el nombre completo de su padre, sus números de teléfono y le habló. Al teléfono, temblando de emoción, Enrique le dijo a su padre quien le hablaba. Este frío, nervioso y cortante le preguntó como estaba y sí necesitaba dinero. Entre decepcionado y triste, Enrique le pidió: “Sólo quiero verte”. A lo que su padre respondió: “Ahora no puedo, estoy muy ocupado, déjame tu número de teléfono que yo te aviso cuando…”

Pasaron los días y Enrique esperaba inquieto la llamada de su padre, llamada que nunca ocurrió… Enrique fue hasta su oficina y lo esperó en la entrada. Conocía su cara por una foto que alguna vez le había mostrado su madre. Al verlo, se le acercó y le dijo: “Soy Enrique”, tu hijo. Su padre, sorprendido preguntó : “hola, ¿que necesitas?” y Enrique de nuevo respondió: “Sólo quería verte…”. El hombre, nervioso, le pidió que se retirara que no podía atenderlo y volvió a prometer: “yo te aviso cuando hablamos”… y Enrique, mucho más decepcionado que la primera vez, se despidió diciéndole… no importa señor, ya vi lo que tenía ver….

Durante los años siguientes, Enrique vivió atormentado, odiando a su padre. Guardándole rencor por haberle negado su cariño y afecto. Por estar ausente durante toda su vida y por no darle la oportunidad de conocerlo y acercarse un poco.
Enrique en sus terapias, decía que el rechazo de su padre, le había cerrado muchas puertas, porque no lograba superarlo y que por eso odiaba profundamente a ese señor, porque era el culpable de los días amargos que estaba viviendo. Yo le decía que nada de lo que sentimos es responsabilidad de los demás, que debemos aprender a vivir cada situación con inteligencia y valentía.

El padre de Enrique murió unos años después. Nunca pudo hablar con él. No pudo darle un abrazo. No pudo decirle adiós.

Esta situación hizo que Enrique se sintiera mucho más atormentado, se alejó de las terapias, lo dio todo por perdido. Hasta que un día regresó y me dijo: “Mía, vengo a contarte que ya perdoné a mi padre” “Entendí que no tiene sentido seguir albergando un rencor que sólo me hace daño y no me deja avanzar” “ “Mi padre ya está muerto y nada puedo hacer” “Me queda la enorme satisfacción de haberlo buscado, de haberlo visto. “Yo hice todo lo posible, hice mi parte y con eso ya cumplí”

Enrique perdonó finalmente a su padre y liberó su corazón de odio. Un odio que lo mantuvo preso muchos años, amarrado sin poder moverse, sin abrirse a la vida.

El perdón debe venir de adentro. Debemos sacarlo y otorgarlo, sin esperar a que alguien nos lo pida. Porque los principales beneficiados seremos nosotros mismos, porque al hacerlo estaremos limpiando el alma…
Un abrazo a todos