¿Y si te digo que no me gustan tus ojos cuando están tristes?... pues tu tristeza me cunde el alma..
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viernes, 8 de marzo de 2013
lunes, 8 de febrero de 2010
Sufrir para aprender...
Angustia, tormento, desesperación… El sufrimiento nos convierte en prisioneros de una existencia desnuda y vacía. No en vano, los expertos lo definen como la causa más común del tan silenciado suicidio. Cuando toma el control de nuestra mente, nada parece tener sentido. Como un "tsunami" emocional, arrasa con cualquier vestigio de alegría y bienestar, consumiéndonos. Sin embargo, también nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre nuestra propia vida, pues nos conecta con nuestra más profunda vulnerabilidad.
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domingo, 14 de diciembre de 2008
¿Y el Autorespeto?

La autoestima es cuestión de dignidad. La personas debemos saber que valemos por el simple hecho de existir. Esta existencia nos brinda todos lo derechos y posibilidades de trascender, crecer, madurar como persona.
Lamentablemente esto no ocurre fácilmente en nuestra sociedad donde existen sistemas, estructuras, modelos, normas establecidas que nos dicen cómo debemos vivir y portarnos. No quiere decir que las leyes y las diversas convenciones sean "malas", sino que muchas veces no favorecen a miles de personas y sí benefician a sus creadores o legisladores.
El respeto es un tópico donde la persona posee una ética, fundamentada en determinados valores aprendidos que le indican lo bueno y malo para su vida. Permite visualizar las posibles consecuencias de un acto más allá antes de realizarlo. Se supone que las personas debiéramos ser conscientes de las famosas preguntas ¿cómo afectará a las demás personas esta actuación, esta decisión? ¿Cómo me afectará como persona?
De manera que una persona con autoestima adecuada elige lo mejor para su presente y futuro, pensando cómo podría sentirse al fallar de cierta forma, al cometer un error deliberadamente. No es de extrañar que las personas estén bajo sentimientos de culpa, amargura, resentimiento, desesperanza, desánimo, confusión, angustia, entre otros, basados en errores anteriores.
Quererse a sí mismo es percibir los pro y contra de toda decisión/actuación que se piensa tomar, implica ser responsables y saber bien que nuestras decisiones siempre tendrán consecuencias, no se vale culpar a los demás de lo que nosotros hayamos querido para nuestra vida o de las decisiones que vayamos tomando o dejemos de tomar.
Esto es autorespetarse y yo diria que también es respetar a los demás.
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sábado, 25 de octubre de 2008
Otorgar perdón
Enrique no conoció a su padre. Sus padres se conocieron cuando trabajaban juntos en una fábrica de productos enlatados. Su mamá era secretaria, su papá el hijo del dueño. Después de un breve romance, ella queda embarazada. El estaba casado y con una vida hecha. Entonces decide ayudarla económicamente con el embarazo y la manutención del niño, pero ella prometería no buscarlo ni hablarle de él a su hijo. No quería involucrarse.Durante toda su infancia, Enrique preguntaba por su padre; su mamá le decía que era un hombre muy bueno, pero que por muchas razones, él no podría verlo. Al cumplir Enrique 18 años, decidió que tenía que conocer a su papá.
Con mucha madurez, investigó entre sus familiares la verdadera historia. Consiguió el nombre completo de su padre, sus números de teléfono y le habló. Al teléfono, temblando de emoción, Enrique le dijo a su padre quien le hablaba. Este frío, nervioso y cortante le preguntó como estaba y sí necesitaba dinero. Entre decepcionado y triste, Enrique le pidió: “Sólo quiero verte”. A lo que su padre respondió: “Ahora no puedo, estoy muy ocupado, déjame tu número de teléfono que yo te aviso cuando…”
Pasaron los días y Enrique esperaba inquieto la llamada de su padre, llamada que nunca ocurrió… Enrique fue hasta su oficina y lo esperó en la entrada. Conocía su cara por una foto que alguna vez le había mostrado su madre. Al verlo, se le acercó y le dijo: “Soy Enrique”, tu hijo. Su padre, sorprendido preguntó : “hola, ¿que necesitas?” y Enrique de nuevo respondió: “Sólo quería verte…”. El hombre, nervioso, le pidió que se retirara que no podía atenderlo y volvió a prometer: “yo te aviso cuando hablamos”… y Enrique, mucho más decepcionado que la primera vez, se despidió diciéndole… no importa señor, ya vi lo que tenía ver….
Durante los años siguientes, Enrique vivió atormentado, odiando a su padre. Guardándole rencor por haberle negado su cariño y afecto. Por estar ausente durante toda su vida y por no darle la oportunidad de conocerlo y acercarse un poco.
Enrique en sus terapias, decía que el rechazo de su padre, le había cerrado muchas puertas, porque no lograba superarlo y que por eso odiaba profundamente a ese señor, porque era el culpable de los días amargos que estaba viviendo. Yo le decía que nada de lo que sentimos es responsabilidad de los demás, que debemos aprender a vivir cada situación con inteligencia y valentía.
El padre de Enrique murió unos años después. Nunca pudo hablar con él. No pudo darle un abrazo. No pudo decirle adiós.
Esta situación hizo que Enrique se sintiera mucho más atormentado, se alejó de las terapias, lo dio todo por perdido. Hasta que un día regresó y me dijo: “Mía, vengo a contarte que ya perdoné a mi padre” “Entendí que no tiene sentido seguir albergando un rencor que sólo me hace daño y no me deja avanzar” “ “Mi padre ya está muerto y nada puedo hacer” “Me queda la enorme satisfacción de haberlo buscado, de haberlo visto. “Yo hice todo lo posible, hice mi parte y con eso ya cumplí”
Enrique perdonó finalmente a su padre y liberó su corazón de odio. Un odio que lo mantuvo preso muchos años, amarrado sin poder moverse, sin abrirse a la vida.
El perdón debe venir de adentro. Debemos sacarlo y otorgarlo, sin esperar a que alguien nos lo pida. Porque los principales beneficiados seremos nosotros mismos, porque al hacerlo estaremos limpiando el alma…
Un abrazo a todos
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