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viernes, 23 de octubre de 2009

Evasión o diversión


El tiempo de ocio es un preciado tesoro para cualquier ser humano. Tras cinco días de intensa actividad laboral, el fin de semana se vislumbra como un oasis. Es un espacio conquistado con esfuerzo. Pero cuando llega el momento de disfrutarlo, ¿en qué lo invertimos? La mayoría nos dedicamos a realizar un sinfín de actividades que prometen, de un modo u otro, lo que coloquialmente se conoce como "diversión".

Las opciones son de lo más variadas, aptas para todos los gustos. Y por lo general, tienen como denominador común el verbo hacer. En consonancia con la sociedad acelerada de la que formamos parte, llenamos nuestro tiempo libre consumiendo entretenimiento, es decir, haciendo cosas. De este modo intentamos zafarnos del molesto aburrimiento. Aunque, pese a nuestro empeño, no siempre lo logramos.

El aburrimiento es un síntoma que indica que algo no marcha bien en nuestro interior. Puede surgir en cualquier contexto, situación o compañía, y suele ser el preludio de una paulatina y tediosa sensación de vacío. Y ya sea por miedo o inseguridad, en vez de enfrentarnos a ese malestar solemos optar por seguir haciendo. Así es como convertimos la diversión en evasión, posponiendo al máximo el momento de enfrentarnos a nosotros mismos y preguntarnos: ¿de qué estamos aburridos? O dicho de otro modo, ¿qué necesidad tenemos de entretenernos?

La cultura del entretenimiento
"La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio", Antoine de Saint-Exupéry


La cultura del entretenimiento en la que vivimos inmersos deja poco espacio para la reflexión. Así, un día cualquiera, tras una intensa jornada laboral, decidimos que no queremos pensar en nada. Y la incomodidad que a veces nos genera el estar a solas con nosotros mismos nos lleva a acomodarnos en el sofá y a narcotizarnos con las imágenes que fluyen ininterrumpidamente a través del televisor. Otras veces, al llegar el fin de semana, optamos por abandonarnos a la inalterable inercia de escapar de la realidad mediante el consumo de alcohol y el uso y abuso de otro tipo de drogas.

Pero, ¿por qué tenemos esta tendencia a huir de nosotros mismos y de nuestra realidad? Probablemente, porque entrar en contacto con el aburrimiento y con el vacío nos lleva a conectar con nuestros miedos, inseguridades y dolor reprimido. Sin embargo, también nos ayuda a hacernos conscientes de nuestras verdaderas necesidades, que solemos obviar en nuestra eterna búsqueda de satisfacción inmediata. Estamos tan acostumbrados a hacer que nos asusta parar y dedicar tiempo a escucharnos.

Nos han vendido que el dolor, el sufrimiento y la incomodidad desaparecen en cuanto el entretenimiento entra en la ecuación, pero la realidad es que sólo quedan sepultados. Y para evitar que vuelvan a emerger, seguimos cumpliendo los dictados de la cultura del entretenimiento, apostando por el placer momentáneo que proporciona la evasión. Eso sí, por el camino dejamos en un segundo plano el gozo que proporciona la verdadera diversión. La diferencia entre ambas radica en la actitud con la que se vive la experiencia: mientras que la diversión es un fin en sí mismo, la evasión es sólo un medio para escapar del malestar.

Diversión sana y sostenible
"El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento", Erasmo de Rotterdam


La huida y el autoengaño no son sostenibles. Son el problema, no la solución. Por mucho que intentemos llenar el vacío con más y más dosis de evasión, nunca tendremos suficiente. Y es que la única manera de lograr un bienestar interno duradero es enfrentándonos a nuestro malestar. A fin de cuentas, el encuentro con nosotros mismos, con nuestra realidad interior -sea la que sea-, es ineludible e inevitable.

Así, para detener la inercia que nos mueve a vivir en la hiperactividad, es imprescindible aprender a estar a gusto y cómodos con nosotros mismos. Y para lograrlo, hemos de asumir y aceptar lo que sentimos y experimentamos en cada momento. Este ejercicio de honestidad es el primer paso para dejar de hacer y comenzar a ser. Sólo así entraremos en contacto con la verdadera diversión, que nace de la capacidad de asombro y deleite ante las cosas sencillas de la vida.

Una vez abandonamos el alivio temporal que nos proporciona la evasión y nos comprometemos a cultivar nuestro bienestar interno, tomamos consciencia de que conectar con la diversión que nos llena de alegría sólo depende de nuestra actitud. Y es que la auténtica diversión –que es sana y sostenible- no se compra ni se vende. Y tampoco convive con el aburrimiento y la superficialidad: supone libertad, imaginación y creatividad. Hoy podemos hacer una nueva elección: ¿diversión o evasión?

Reflexiona
¿Qué necesidad tienes de entretenerte?
¿Qué consigues mediante la evasión?
¿Qué le falta a este momento para que sea pleno?

Evadirse...


La palabra evadir tiene varios significados:
Evitar con habilidad una dificultad, un daño o un peligro.
Fugarse, escaparse. Distraerse, olvidarse de las preocupaciones.


En este blog me interesa afrontar la última de ellas (Fugarse, escaparse, distraerse, olvidarse de las preocupaciones). Muchas personas recurrimos a este instrumento mental, cuando agobiados por las circunstancias, no sabemos cómo actuar ante los problemas o simplemente nos vemos rebasados por ellos y sus consecuencias, por lo cual, preferimos evadirlos.

Hay formas de evadir, algunas no son tan malas para la mente, algunas generan verdaderos problemas a futuro.

Hablemos de las claramente perjudiciales. Mucha gente se abandona a sí misma ante los problemas, prefiere la aparente solución fácil. Encontrar un equilibrio mental adecuado, con suficiente sensatez para saber afrontar los problemas y resolverlos de manera adecuada, controlando el estrés y sabiendo llevar las emociones como pueden ser la rabia o la tristeza, no es algo fácil, pero es algo que se debe aprender con el tiempo y la experiencia.

Hoy en día, es fácil que en la adolescencia (sobretodo) se empiece con vicios que, llegado el momento, pueden resultar en vías de escape perjudiciales. El tabaco, el alcohol, los porros o la cocaína son las drogas de uso cada vez más frecuente entre los adolescentes. Se acaban convirtiendo en una manera aparentemente más fácil de olvidar temporalmente los problemas y sentirse “bien”, aunque acaben derivando en una cantidad mayor de problemas, ya que al final el problema sigue estando ahí y hemos gastado tiempo, salud y dinero en el consumo de esas drogas, perjudicando irremediablemente nuestra salud y en ocasiones topando con la muerte.

Por otra parte existen las formas “sanas” de evadirse de los problemas. Y digo sanas, porque son formas completamente válidas de ocio y entretenimiento, muy importantes para un equilibrio adecuado en la vida de toda persona que sirven para distraernos en ocasiones… pero en una medida adecuada.

Y es que hay que tener cuidado con esto. Algunas de estas formas de ocio son altamente adictivas, y pueden acabar convirtiéndose en un importante problema. Como en todo, los excesos nunca son buenos. Hay que organizarse, dedicar un tiempo adecuado a cada cosa en nuestra vida según el nivel de importancia que le consideremos.

Si consideramos que nuestro trabajo o un videojuego es lo más importante en nuestra vida, desde luego tenemos un grave problema, pues hay quienes han llegado a dedicar más tiempo a estas actividades que a su vida social, a sus amigos, a su pareja o incluso a su familia. Cuando se dan cuenta de ello, están completamente solos y ya es muy tarde para componer el camino.

Lo mismo puede suceder con gente que se pasa todo el día leyendo, viendo la televisión o navegando por Internet. Son sólo algunos ejemplos.

Detrás de todas estas actitudes generalmente está escondida la “evasión”, las ganas de “evadirse del mundo”, refugiarse en todo aquello que nos ayude a no enfrentarnos a nosotros mismos, a lo que nos duele, a las relaciones terminadas, a nuestros miedos, a las pérdidas, a conocernos mejor y por ende, aún evadiendo, no logramos ser felices.

Hoy en día es muy fácil abandonarse al ocio en lugar de vivir nuestra propia vida, es importante tener en cuenta que parte de nuestro desarrollo como personas incluye dedicarnos a nuestra mente, a nuestro cuerpo y a nuestras relaciones sociales. Por ello, debemos mantenernos alertas a este tipo de conductas y en el momento en las que las consideremos “rebasadas” actuar inmediatamente en consecuencia para corregirlas.

Debemos enfrentar siempre los problemas y las circunstancias de la vida por dolorosas o difíciles que sean, “tomar el toro por los cuernos”, asumir las situaciones y tratar de comprenderlas, asimilarlas y resolverlas, nunca esconderlas debajo de los “tapetes”, pues cuando salgan a la realidad serán aún más complicadas, dolorosas, espinosas…

Esta actitud, (la de enfrentar los problemas), sólo la logran las personas valientes, honestas consigo mismas y con los demás; únicamente conseguiremos ser valientes si trabajamos arduamente en ello, sabiendo que hay un precio irremediable que habremos de pagar por haber sido sinceros y no evadirnos.