No hay duda. Si la mujeres tenemos un sexto sentido, ese es la culpa. Que no pasamos suficiente tiempo con nuestros hijos, que nos bajamos una bolsa de caramelos en el camino de vuelta a casa y rompimos la dieta, que no rendimos en el trabajo por tener la cabeza en mil lugares a la vez, que deberíamos ser más demostrativas con nuestros seres queridos. Culpable, culpable, culpable. Como si un juzgado de dedos índices señalaran cada una de nuestra faltas para hacernos sentir lo peor de lo peor.
